Fragmento del libro “OTRO VIEJO” de Jesús Antonio Ramírez Manrique.
Usado para mostrar el funcionamiento del pensamiento motivado por el
entorno, interviniendo en ello la personalidad y una mente expresada
desde lo sensible. El total del trabajo pretende motivar la visión del
origen peligroso para la sociabilidad y su consecuencia, que
constituye moverse mentalmente en la personalidad, sin percibir dicho
peligro. Al final se agrega otro fragmento de charla recomendado.
“El viejo deambula por la calle, mira viendo el diferente tono del
verde que revelan las dos hileras de arboles que la bordean.
No hay en su mente el deseo ardiente de conseguir poder, riquezas,
dignidades o fama, no hay codicia alguna. Los juicios surjan de lo más
profundo de lo sensible.
Camina dentro del todo, y siente que es y está en ello.
Detecta el discurso verbal que intermitentemente aparece en su
pensamiento, descubre lo innecesario de este y tal descubrimiento lo
diluye sin dejar rastro de temor.
El sol de la mañana calienta su cabeza a través de sus ralos cabellos
que conservan un color gris.
No hay afán por llegar a algún sitio. Una pelota colorida lanzada por
algún niño pasa muy cerca de su cara, hace el intento de atraparla,
pero sus reacciones ya no son tan rápidas. Sonríe al descubrir tal
situación.
Dos jóvenes que pasan a su lado, hacen alusión a su barba blanca,
riendo de sus burlescas palabras, el viejo sonríe tenuemente, como si
comprendiera lo verdadero del asunto.
Las alegres jovencitas que atraviesan la calle le dejan una sensación
de alegría ante la expresión de lozanía de sus rostros y de las
energías vivaces, manifestadas en el movimiento de sus cuerpos. El
parloteo que intenta aparecer en su pensamiento no alcanza a
convertirse en idea, ante el descubrimiento de que es innecesario.
Surge, una formación como en cinemascope de sucesos que no existen,
sino como inscripción memorística en su mente, pero que ante lo
verdadero, del ahora sucediendo, queda fulminantemente cortada.
Se regocija del ver como el suceso vivo tiene la cualidad de destruir
lo ficticio.
Este viejo existente, de ya más de cincuenta décadas, vive las
situaciones con la calma que fluye de lo sensible, que le permite
sumergir en ellas, detectar y percibir los temores cuando intentan
aflorar o anidar. Comprehender el porque se disparan los conceptos y
para que se usan.
Quien se percate de él y después empiece a elucubrar “que vida tan
triste y solitaria es la vejez” está demasiado lejos de lo verdadero.
En su recorrido diario, regularmente se sienta en un banco de hormigón
colocado a la vera de la carretera, bajo el sombrío de las
entrelazadas ramas de los arboles. Hay días que encuentra a otro
individuo allí sentado, le saluda como la costumbre manda y se queda
en su natural silencio. El otro mas joven que el, empieza a preguntar,
acerca de lo también acostumbrado, la salud, la familia, comentar
sobre el clima. El viejo sonriente y mira la triste soledad que se
revela detrás de las palabras del mas joven.
Ahora este pregunta sobre los gustos sobre el juego de balompié, el
viejo sigue sonriente el monologo en que ha entrado el que tiene menos
edad.
Los ruidos verbales entran, salen, entran, salen… hubo un instante en
el cual quiso interrumpir el monologo, pero descubrió en el mismo
instante que esa acción no provenía de la expresión de lo verdadero en
su ser. Comprehendió que desear ayudar a alguien en lo sensible,
proviene de lo falso. Porque cada cual porta la cualidad de percibir
la universalidad y la parte que intenta perturbar dicha universalidad.
Y que solo en los momentos de manifestación de esa cualidad perceptora
es que hay verdadero dialogo. Ese descubrimiento tan veloz como
contundente, permitió el disfrute existente en cada intersticio de su
ser, manifestándose corporalmente en forma de sonrisa.
El monologo continuaba, el joven quería ser escuchado y creía que así
se comunicaba con el anciano transeúnte, por la señales de escucha que
detectaba de este. Hubo el momento en que el encierro verbal del
joven, ceso, y surgió un darse cuenta de que no había respuesta verbal
por parte del mayor, y quiso indagar.
Qué dices mi viejo de todo lo que te he comentado, y esperó.
Pues, que miras el juego solamente a través de la ganancia.
Cómo así, sin la ganancia el juego es insípido, qué gracia tiene, o es
que usted ya no le saca gusto, porque si esto te esta sucediendo, es
que ya estas muerto en vida.
Esto lo dijo terminando en una carcajada para indicar que no quería
ofenderle.
La comprehensiva sonrisa del viejo, animó al joven a continuar.
Verdad, ¿tu ya no disfrutas del juego? o es que no te gusta mi equipo.
No se trata de gustar o no. Sucede que en la mayoría de los juegos se
expresa el comprehender la estrategia del otro, para aplicar una
acción que lo obligue a descubrir una variante estratégica nueva para
oponer, lo cual obligaría al contrario a crear otro elemento nuevo y
así el ejercicio de crear continúa. Si tú acoges una parte del
conjunto, te pierdes el descubrir el verdadero juego total y creador,
entonces tu observación es parcial.
Ahg viejo a mi no me hable de estrategias, eso dejémoslo para los
manejadores del equipo, estos tienen que ganar, sino, no tiene
sentido.
Tienes razón, dice el viejo, porque tú forma de vivir bajo el deseo, y
no percibir lo verdadero.
No me venga con esos cuentos, la gente siempre quiere ganar y cuando
gana, vale, de resto no se le saca gusto a las cosas, y además, ni un
céntimo de dinero.
Tienes razón, dice el viejo con gesto de paciencia; pero ese ganar ¿Es
verdadero?
Hay viejo, así es la vida, tantos que han intentado cambiarla y lo que
han hecho, es traer mas desastre. Hablemos otro día, pero de otra
cosa. Chao.
Se levanto y se fue hacia alguna parte. El viejo se quedo por unos
momentos mirando hacia ningún punto en particular, luego se movilizo a
continuar su caminata. Paso cerca a la dama que barría las hojas y le
saludó, esta contestó con la misma cortesía, y condescendiente. Hasta
luego.
Amig&. Cuando me preguntas qué es el amor. Preguntas algo por lo cual
descubres y existes.
Te das cuenta que la sensibilidad que se manifiesta en tu cerebro-
mente, esta totalmente relacionada con las manifestaciones sensibles
del resto del universo, totalmente completa para detectar a través de
tus sentidos, percibir a través de las combinaciones neuronales que
contienen no solo el conocimiento de lo aprendido, sino lo aprehendido
y comprehendido, también de ese legado genético de miles y miles de
seres humanos que se juntaron sexualmente para que estés aquí, junto
con los otros.
Eres esa energía actuante y comunicante que inunda colmando todos los
intersticios del universo, físico y mental.
Energía promotora de las respuestas al entorno, que desde esos
inmensurables conocimientos, emite sabiduría acordando las palabras a
través del pensamiento, para decir algo incluso de esta sensación
compleja. Pero lo que acabas de leer es solo un señalamiento que esta
detrás de todas esas palabras, el cual si no lo detectas y percibes
para descubrirlo por si mismo, no tiene valor de verdadero, pues este
parloteo se quedara en tu mente como registro memorístico
(información) solamente, y si lo comentas ha otro sin haberlo
comprobado en tu sentir, solo serás un repetidor mecanizado.
El registro de sucesos que acabas de leer, Es vivido por alguien que
ha descubierto por sí mismo, ante el señalamiento oportuno de otro de
tantos humanos que han profundizado seriamente en el funcionamiento de
la interioridad humana. Les remito a uno de los apartes de un libro
que se hizo de esas charlas.”
Conferencia extraída del libro “La raíz del conflicto” editorial
Paidos, por Jiddu Krishnamurti (Nueva York, el 24 de Abril de 1971)
facilitada por la Fundación Krishnamurti latinoamericana.
Quisiera hablar acerca de la relación, acerca de lo que es amor, de lo
que es esta existencia humana en la cual está implicado nuestro diario
vivir; hablar sobre los problemas que uno tiene, los conflictos,
placeres y temores, y sobre esa cosa tan extraordinaria que llamamos
muerte.
Pienso que uno ha de comprender (no como una teoría, no como un
concepto especulativo y entretenido, sino más bien como un hecho real)
que nosotros somos el mundo y que el mundo es nosotros, cada uno de
nosotros. Sentirlo, estar total y realmente entregado a ello y a nada
más, produce un sentimiento de gran responsabilidad y una acción que
no puede ser fragmentaria, sino total.
Creo que somos propensos a olvidar que nuestra sociedad, la cultura en
la cual vivimos y que nos ha condicionado, es la resultante de la
conducta humana con su conflicto, desdicha y sufrimiento. Cada uno de
nosotros es esa cultura, cada uno de nosotros es la comunidad... no
estamos separados de ella. Para sentir esto, no como una idea o un
concepto, sino para percibir verdaderamente su realidad, uno ha de
investigar el problema de la relación; porque nuestra vida, nuestra
existencia, está basada en la relación. La vida es un movimiento de
relación. Si no comprendemos qué implica la relación, no sólo nos
aislamos inevitablemente sino que creamos una sociedad en la cual los
seres humanos están divididos, tanto en lo nacional o en lo religioso
como dentro de sí mismos, y en consecuencia proyectan lo que ellos son
al mundo exterior.
No sé si ustedes han investigado profundamente esta cuestión a fin de
descubrir si uno puede vivir en total armonía con otro, en completo
acuerdo, de modo que no haya barrera ni división, sino un sentimiento
de absoluta unidad. Porque relación significa estar relacionados no en
una actividad, no en algún proyecto o en una ideología, sino estar
unidos totalmente de modo tal que la división, la fragmentación entre
dos seres humanos, no exista en absoluto a ningún nivel.
A menos que uno descubra esta relación, me parece que al tratar de
producir orden en el mundo, teórica o tecnológicamente, no sólo
estamos forzados a crear profundas divisiones entre hombre y hombre,
sino que también seremos incapaces de impedir la corrupción. Ésta
empieza en la falta de relación; yo pienso que ésa es la raíz del
deterioro. La relación, tal como hoy la conocemos, es una continuidad
de la división entre los individuos. La raíz etimológica de la palabra
"individuo" significa "indivisible". Un ser humano que en sí mismo no
está dividido, fragmentado, es realmente un individuo. Pero la mayoría
de nosotros no somos individuos; pensamos que lo somos y, por lo
tanto, existe la oposición del individuo respecto de la comunidad. Uno
ha de comprender el significado de esa palabra "individualidad", no
sólo en el sentido lingüístico sino en ese profundo sentido en el cual
no hay fragmentación en absoluto. Eso significa armonía perfecta entre
la mente, el corazón y el organismo físico. Sólo entonces existe una
individualidad.
Si examinamos bien a fondo nuestra presente relación humana, sea ésta
íntima o superficial, duradera o transitoria, vemos que ella está
fragmentada. La esposa o el marido, el joven o la muchacha, cada uno
vive encerrado en su propia ambición, en sus empeños personales y
egoístas, en su propio caparazón. Todo ello es un factor que
contribuye a edificar una imagen dentro de cada uno y, en
consecuencia, la relación con el otro se establece a través de esa
imagen. Por lo tanto, no hay verdadera relación.
Yo no sé si ustedes son conscientes de la estructura y naturaleza de
esta imagen que uno ha construido dentro y en torno de sí mismo. Todos
estamos haciéndolo constantemente, ¿y cómo puede haber relación entre
uno y otro si existe esa urgencia personal, esa envidia, competencia,
codicia, todas aquellas cosas que son sustentadas y exageradas en la
sociedad moderna? ¿Cómo puede haber relación con otro si cada cual
está persiguiendo su propio logro personal, su propio éxito?
No sé si nos damos cuenta plenamente de esto. Estamos tan
condicionados que aceptamos como la norma, como nuestro patrón de
vida, que cada cual debe obedecer a su particular idiosincrasia o
tendencia y, no obstante, tratar de establecer una relación con otro.
¿No es eso lo que todos hacemos? Usted podrá estar casado, podrá
trabajar en una oficina o en una fábrica; cualquier cosa que usted
haga, durante todo el día está persiguiendo eso. Y lo mismo su mujer
en el hogar, con sus propias preocupaciones, sus propias vanidades,
etc. ¿Dónde está la relación entre dos seres humanos así? ¿En el sexo?
Una relación tan superficial, tan limitada, tan restringida, ¿no es en
sí misma corrupción?
Quizá se pregunten: ¿cómo ha de vivir uno si no va a la oficina, si no
persigue su ambición personal, su deseo de alcanzar, de obtener? Si
uno no hace nada de esto, ¿qué es lo que debe hacer? Yo pienso que
ésta es una pregunta absolutamente errónea, ¿no es así? Porque
nosotros estamos interesados en producir un cambio radical en toda la
estructura de la mente. La crisis no está en el mundo externo sino en
la conciencia misma. Y hasta que comprendamos esta crisis, no de modo
superficial, no de acuerdo con algún filósofo, sino realmente y en
profundidad, observándola, examinándola por nosotros mismos, no
seremos capaces de producir un verdadero cambio. Estamos interesados
en la revolución psicológica, y esta revolución sólo puede tener lugar
cuando existe la correcta clase de relación entre los seres humanos.
¿Cómo ha de establecerse tal relación? El problema es claro. Por
favor, compartan este problema conmigo... ¿quieren? Es el problema de
ustedes, no mi problema. Es la vida de ustedes, no mi vida; es de
ustedes el sufrimiento, la desdicha, la ansiedad, la culpa. Esta
batalla es la vida que conocemos. Si ustedes escuchan meramente una
descripción, encontrarán que sólo están nadando en la superficie y que
no resuelven problema alguno. Es en verdad el problema de ustedes, y
quien les habla está realmente describiéndolo, sabiendo que la
descripción no es la cosa descripta. Compartamos entonces este
problema de cómo pueden los seres humanos (ustedes y yo) hallar una
correcta relación en medio de este desorden, odio, destrucción,
contaminación, entre todas esas terribles cosas que están sucediendo
en el mundo.
Me parece que para descubrir uno debe examinar lo que ocurre, ver lo
que realmente es. No lo que pensamos que nos gustaría que fuera, no
tratando de cambiar nuestra relación basados en un concepto de futuro,
sino observando lo que en realidad ocurre ahora. En la observación del
hecho, de su verdad, de su realidad presente, existe una posibilidad
de cambiarlo. Como ya dijimos, cuando existe la posibilidad, entonces
hay una energía. Lo que disipa la energía es la idea de que el cambio
no es posible.
De modo que debemos observar nuestra relación de cada día tal como
ella es realmente. En el observar lo que ella es, descubrimos cómo
producir un cambio en esa realidad. Estamos, pues, describiendo lo que
realmente es: que cada uno vive confinado en su propio mundo de
ambición, codicia, miedo, deseo de éxito, etc.... ustedes saben lo que
ocurre... Si estoy casado, entonces tengo responsabilidades, hijos y
todo eso. Voy a la oficina o adonde sea que trabaje, y luego nos
encontramos uno y otro (marido y mujer, muchacho y chica) en el lecho.
Y a eso lo llamamos amor, llevando vidas separadas, aisladas,
construyendo en torno nuestro un muro de resistencia, persiguiendo
alguna actividad egocéntrica. Todos buscamos seguridad psicológica,
cada cual dependiendo del otro para su comodidad, para su placer, para
su necesidad de compañía. Y por estar tan profundamente solos,
aislados, necesitamos que se nos quiera, que se nos estime y tratamos
cada uno de dominar al otro.
Ustedes pueden ver esto por sí mismos si se observan. ¿Es que existe
en absoluto alguna clase de relación? Así no hay relación entre dos
seres humanos; aunque tengan hijos, un hogar, no están realmente
relacionados. Si tienen un proyecto en común, ese proyecto los
sostiene, los mantiene unidos, pero eso no es relación.
Comprendiendo todo esto uno ve que si no existe relación entre dos
seres humanos, comienza un proceso de corrupción. No la estructura
externa de la sociedad o en el fenómeno externo de la contaminación,
sino internamente. La contaminación, la corrupción y destrucción
internas se inician cuando los seres humanos no están en modo alguno
relacionados, tal como ustedes no lo están. Ustedes podrán estrecharse
las manos, besarse, dormir juntos, pero si observan bien a fondo...
¿existe una verdadera relación? ¿O sólo se están usando el uno al
otro?
Esto no implica ser cínico, sino observar lo que realmente es. De este
modo que para descubrir lo que verdaderamente significa estar en
relación con otro, uno debe comprender esta cuestión del aislamiento,
porque la mayoría de nosotros somos terriblemente solitarios. Cuanto
más envejece uno, tanto más se aísla, más solitario se vuelve,
especialmente en este país. ¿Han reparado ustedes en las personas de
edad, en sus escapes, en sus diversiones? Ellos han trabajado toda su
vida y necesitan escapar hacia alguna clase de entretenimiento. Viendo
todo esto, ¿podemos encontrar un modo de vivir en el cual no
utilicemos a otros ni psicológica ni emocionalmente, en el cual uno no
dependa de otros, no use a otro como un medio para escapar de las
propias torturas, de su desesperación, de su soledad?
Comprender esto es comprender lo que significa sentirse solo. ¿Se han
sentido solos alguna vez? ... ¿Saben lo que ello quiere decir? ... Que
usted no tiene relación alguna con otro, que está completamente
aislado. Uno puede hallarse con su familia, entre la multitud, en la
oficina o donde sea, cuando súbitamente aparece esta desesperada
sensación de total y absoluta soledad. Hasta que uno no resuelva esto
por completo, la relación se torna un medio de escape y, por lo tanto,
ella conduce a la corrupción, a la desdicha. ¿Cómo ha comprenderse
esta soledad, esta sensación de total aislamiento? Para comprenderla
uno ha de observar su propia vida. ¿No es cada acción que ustedes
emprenden una actividad egocéntrica? Podemos ser ocasionalmente
caritativos, generosos; puede que hagamos algo sin motivo alguno, pero
ésas son ocasiones muy raras. Esta desesperación jamás puede ser
disipada por medio de escapes, sino a través de la observación.
Hemos retornado así a esta cuestión del observar. ¿Cómo observar?
¿Cómo observarnos de modo que en esa observación no haya conflicto
alguno? Porque el conflicto corrompe, es desperdicio de energía, es la
batalla de nuestra vida desde que nacemos hasta que morimos. ¿Es
posible vivir sin un solo momento de conflicto? Para hacer esto, para
descubrirlo por nosotros mismos, hemos de aprender a observar el
movimiento total de nuestra existencia. Existe una observación que es
armoniosa, que es verdadera, cuando no hay observador sino solamente
observación. Examinamos eso el otro día.
¿Puede haber amor cuando no hay relación? Hablamos acerca del amor y
éste, tal como lo conocemos, está relacionado con el sexo y el placer,
¿no es así? Algunos de ustedes dicen "no". Cuando dicen "no", entonces
deben estar exentos de ambición, de competencia, de división (división
entre usted y yo, nosotros y ellos). No debe haber división de
nacionalidad, o la división producida por una creencia o por el
conocimiento. Sólo entonces puede uno decir que ama. Pero para la
mayoría, el amor tiene que ver con el sexo y el placer, y con todo el
afán que los acompaña: celos, envidia, antagonismo; ustedes saben lo
que ocurre entre el hombre y la mujer. Cuando esa relación no es
verdadera, real, profunda, completamente armónica, ¿entonces cómo
pueden ustedes tener paz en el mundo? ¿Cómo puede haber fin para la
guerra?
De manera que la relación es una de las cosas más importantes o mejor
dicho, la más importante cosa en nuestra vida. Eso significa que hemos
de comprender qué es el amor. Por cierto que uno se encuentra con ello
extrañamente, sin pedirlo, sin buscarlo. Cuando ustedes descubren por
sí mismos lo que no es amor, entonces saben qué es amor. Pero cuando
lo descubren no de modo teórico o verbal, sino cuando realmente
comprenden lo que no es amor; comprenderlo implica no tener una mente
que sea competitiva, ambiciosa, una mente que está esforzándose,
comparando, imitando: una mente así no puede amar.
¿Pueden ustedes entonces, viviendo en este mundo, vivir por completo
sin ambición, sin compararse nunca con otros? Porque en el momento que
comparan hay conflicto, hay envidia, hay deseo de lograr, de
sobrepasar al otro.
¿Pueden una mente y un corazón que recuerdan las ofensas, los
insultos, las cosas que los han embotado y vuelto insensibles, pueden
una mente y un corazón así conocer el amor? ... ¿Es placer el amor? Y,
sin embargo, eso es lo que estamos persiguiendo consciente o
inconscientemente. Nuestros dioses son el resultado de nuestra
necesidad de placer. Nuestras creencias, nuestra estructura social, la
moral de esta sociedad (que es esencialmente inmoral) son el resultado
de nuestra búsqueda de placer. Y cuando ustedes dicen: "yo amo a
alguien", ¿es eso amor? Amor significa que no hay separación, ni
dominio, ni actividad egocéntrica. Para descubrir lo que es amor, uno
debe negar todo eso, negarlo en el sentido de ver su falsedad. Una vez
que ustedes han visto algo como falso (habiéndolo aceptado antes como
"verdadero", como "natural y humano"), entonces jamás pueden volver a
ello. Cuando ustedes ven una serpiente venenosa o un peligroso animal,
no juegan con él, nunca se acercan. Del mismo modo, cuando vean
realmente que el amor no es ninguna de esas cosas, cuando sientan eso,
cuando lo observen, lo investiguen, vivan con ello, se entreguen a
ello totalmente, entonces sabrán qué es el amor, qué es la
compasión... que significa pasión por todos.
Nosotros carecemos de pasión; conocemos la lujuria, el placer. La raíz
etimológica de la palabra pasión es dolor. Todos hemos experimentado
dolor de una u otra clase: el dolor de la autocompasión, el dolor de
la raza humana, tanto colectivo como individual. Ustedes saben lo que
es el dolor, la muerte de alguien al que consideran haber amado.
Cuando permanecemos con este dolor totalmente, sin tratar de
racionalizarlo, sin tratar de escapar de él en forma alguna por medio
de palabras o actos, cuando uno permanece completamente con el dolor,
sin ningún movimiento del pensar, entonces se descubre que de este
dolor surge la pasión. Esta pasión tiene la cualidad del amor, y el
amor está libre de dolor.
Uno ha de comprender toda esta cuestión de la existencia con sus
conflictos y sus luchas; ustedes saben, la vida que uno lleva tan
vacía, tan insensata. Los intelectuales tratan de asignarle un
significado, y nosotros también queremos encontrarle significado a la
vida, porque la vida, tal como es vivida, no tiene sentido, ¿verdad?
La lucha constante, el trabajar interminable, la desdicha, el
sufrimiento, el afán que uno derrocha... todo ello carece
verdaderamente de sentido; lo aceptamos como hábito. Pero a fin de
descubrir cuál es el significado de la vida uno debe también
comprender el significado de la muerte; porque el vivir y el morir van
juntos, no son dos cosas separadas.
De modo que debemos averiguar qué significa morir, porque ello forma
parte de nuestro vivir. No como algo en un futuro distante que deba
ser eludido o enfrentado sólo cuando se está desesperadamente enfermo,
o viejo, o cuando se ha sufrido un accidente, o en el campo de
batalla. Tal como es parte de nuestra vida diaria el vivir sin un
soplo siquiera de conflicto, también lo es el descubrir qué significa
morir. Eso también es parte de nuestra existencia y uno debe
comprenderlo.
¿Cómo hemos de comprender qué es la muerte? Cuando uno está muriendo,
en el último momento, ¿puede comprender el modo como ha vivido, las
tensiones, las batallas emocionales, las ambiciones, el esfuerzo? Uno
está, con toda probabilidad, inconsciente, y eso lo torna incapaz de
una clara percepción. Hay, pues, el deterioro de la mente cuando
envejecemos y todo eso; de modo que uno ha de comprender lo que es la
muerte y ha de comprenderlo ahora, no mañana. Como ustedes pueden
observar, el pensamiento no quiere pensar acerca de ello. Él piensa
acerca de todas las cosas que hará mañana: nuevos inventos, mejores
cuartos de baños, todas esas cosas sobre las cuales el pensamiento es
capaz de pensar. Pero no quiere pensar acerca de la muerte, porque no
sabe lo que ella significa.
¿Puede el proceso del pensamiento descubrir el significado de la
muerte? Por favor, sigan esto conmigo. Si lo compartimos, comenzaremos
a verlo en toda su belleza; pero si ustedes están allí sentados y me
dejan proseguir solo mientras escuchan meramente mis palabras,
entonces no estaremos compartiendo. Compartir juntos implica una
cierta cualidad de interés, atención, afecto, amor. La muerte es un
problema tremendo. Los jóvenes podrán decir: "¿por qué se preocupa
usted por eso?" Pero eso es parte de sus vidas, como forma parte de
sus vidas comprender la castidad. No digan simplemente: "¿por qué
habla usted de la castidad?, eso es para los vejestorios, para los
necios monjes". El sentido de la castidad también ha sido un problema
para los seres humanos, es también parte de la vida.
¿Puede la mente ser completamente casta? No siendo capaz de descubrir
cómo vivir una vida casta, uno toma votos de celibato y pasa a través
de todas sus torturas. Esto no es castidad. La castidad es algo por
completo diferente. Es tener una mente que está en absoluto libre de
imágenes, de conocimientos; lo cual significa comprender todo el
proceso del placer y del miedo.
Del mismo modo uno ha de comprender esa cosa llamada muerte. ¿Cómo han
de encarar la compresión de algo que ustedes temen terriblemente?
¿Acaso no tenemos miedo de la muerte? O decimos: "gracias a Dios que
voy a morir, ya he tenido bastante en esta vida con su desdicha, su
confusión, su falsedad, su brutalidad, las cosas mecánicas en que uno
está atrapado, ¡gracias a Dios que todo eso terminará!". Ésa no es una
respuesta, como tampoco lo es racionalizar la muerte o creer en la
reencarnación como lo hace todo el mundo asiático. Para descubrir lo
que significa la reencarnación, la cual consiste en renacer en una
existencia futura, ustedes deben descubrir qué es lo que son ahora. Si
ustedes creen en la reencarnación, ¿qué son ahora? Un montón de
palabras, de experiencias, de conocimientos; están condicionados por
diversas culturas, son todas las identificaciones de sus vidas: los
muebles, la casa, la cuenta bancaria, las experiencias de placer y
dolor. Eso es lo que ustedes son, ¿no es así? El recuerdo de los
fracasos, las esperanzas, las desesperaciones, todo eso es lo que son
ahora y eso es lo que irá a renacer en la próxima vida. ¡Una bella
idea, por cierto!
O piensan que hay un alma, una entidad permanente. ¿Existe algo
permanente en nosotros? Al decir que hay un alma, una entidad
permanente, esa entidad es el resultado de nuestro pensamiento o de
nuestras esperanzas, porque existe mucha inseguridad, porque todo es
transitorio, fluye, está en movimiento. Así, cuando decimos que hay
algo permanente, esa permanencia es el resultado de nuestro
pensamiento. Y el pensamiento es del pasado, el pensamiento nunca es
libre, él puede inventar todo lo que le plazca.
De manera que si ustedes creen en un renacer futuro, entonces deben
saber que el futuro está condicionado por el modo como viven ahora,
por lo que hacen ahora, por lo que piensan, por la naturaleza de sus
actos, por su ética. Así que aquello que ustedes son ahora, lo que
hacen ahora, es de una tremenda importancia. Pero a esa gente que cree
en un nacimiento futuro no les importa un bledo lo que ocurre ahora;
para ellos es sólo una cuestión de creencia.
Entonces, ¿cómo descubren ustedes lo que la muerte significa, cómo lo
descubren mientras están viviendo con vitalidad, con energía, llenos
de salud? No cuando se hallan desequilibrados o enfermos, no en el
último momento sino ahora, sabiendo que el organismo debe
inevitablemente desgastarse como cualquier maquinaria. Por desgracia
usamos nuestra maquinaria tan irrespetuosamente, ¿verdad? Sabiendo que
el organismo físico llega a su fin, ¿han pensado alguna vez en lo que
significa morir? Ustedes no pueden pensar sobre ello. ¿Han
experimentado alguna vez para descubrir qué significa morir
internamente, psicológicamente? No cómo encontrar la inmortalidad,
porque lo eterno, lo intemporal es ahora, no en algún futuro distante.
Para indagar en esto uno debe comprender todo el problema del tiempo;
no sólo el tiempo cronológico, el del reloj, sino el tiempo que el
pensamiento ha inventado como un proceso gradual de cambio.
¿Cómo ha de investigar uno esta extraña cosa con la cual todos hemos
de encontrarnos un día u otro? ¿Pueden ustedes morir psicológicamente
hoy, morir para todo cuanto han conocido? Por ejemplo: morir para su
placer, para sus apegos, su dependencia, terminar sin argumentaciones,
sin racionalizar, sin tratar de encontrar caminos y medios para eludir
el hecho. ¿Saben qué significa morir, no en lo físico, sino
psicológicamente, internamente? Lo cual quiere decir poner fin a lo
que tiene continuidad: poner fin a la ambición, porque eso es lo que
va a ocurrir cuando ustedes mueran, ¿no es cierto? ¡Ustedes no pueden
llevar consigo su ambición y sentarse junto a Dios! (risas). Cuan-do
uno muere de verdad, debe poner fin a tantas cosas sin un solo
argumento. Ustedes no pueden decirle a la muerte: "déjame terminar mi
trabajo, déjame terminar mi libro, todas las cosas que no he alcanzado
a realizar, déjame curar las heridas que he causado a otros". No
pueden, ya no tienen tiempo.
¿Pueden descubrir entonces cómo vivir ahora, hoy, una vida en la cual
exista siempre un terminar para todo cuanto hayan comenzado? No en la
oficina, por supuesto, sino internamente; poner fin a todo
conocimiento que acumularon siendo el conocimiento sus experiencias,
sus recuerdos, sus ofensas, su modo comparativo de vivir, comparándose
siempre a sí mismos con alguien. Poner fin a todo eso cada día, de
manera que al día siguiente la mente esté fresca y joven. Una mente
así nunca puede ser lastimada, y eso es inocencia.
Uno ha de descubrir por sí mismo qué significa morir. Entonces no hay
miedo, entonces cada día es un nuevo día. Y realmente quiero
significar esto, uno puede hacerlo, de modo que la mente y los ojos
vean la vida como algo totalmente nuevo. Eso es eternidad. Es la
cualidad de la mente que ha dado con este estado intemporal porque
supo qué significa morir cotidianamente para todo cuanto estuvo
acumulado durante el día. Y en ello, por cierto, hay amor. El amor es
algo total-mente nuevo cada día. No así el placer; el placer tiene
continuidad. El amor es siempre nuevo y, por lo tanto. Él es su propia
eternidad.
¿Quieren ustedes formular algunas preguntas?
Interlocutor: Supongamos, señor, que mediante una observación completa
y objetiva yo encuentro que soy codicioso, sensual, egoísta y todo
eso. ¿Entonces cómo puedo saber si ese modo de vivir es bueno o malo a
menos que tenga de antemano ciertos preconceptos acerca de lo bueno?
Si tengo estos preconceptos, ellos sólo pueden provenir de la
observación de uno mismo.
KRISHNAMURTI: Completamente, señor.
Interlocutor: Yo también encuentro otra dificultad. Usted parece ser
partidario de compartir, pero al mismo tiempo dice que dos amantes, o
marido y mujer, no pueden basar su amor, no deben basar su amor en
apoyarse el uno en el otro. Yo no veo nada malo en el apoyarse uno al
otro, eso es compartir.
KRISHNAMURTI: El caballero dice: "uno debe tener un concepto de lo
bueno, de otro modo, ¿cómo habría de renunciar a toda esta ambición,
codicia, envidia, etc.?". Usted podrá tener una fórmula o concepto
acerca de lo que es mejor, ¿pero puede tener un concepto acerca de lo
que es bueno?
Interlocutor: Pienso que sí.
KRISHNAMURTI: ¿Puede el pensamiento producir lo que es bueno?
Interlocutor: No, quise decir el concepto de lo que es bueno.
KRISHNAMURTI: Justamente estoy señalando eso, señor. ¿Por qué ha de
tener usted en absoluto un concepto de lo bueno?
Interlocutor: De otra manera, ¿cómo puedo saber si mi vida es buena o
mala?
KRISHNAMURTI: Sólo escuche la pregunta. ¿Acaso no sabemos qué es
conflicto? ¿Debo tener un concepto de no-conflicto antes de ser
consciente del conflicto? Conozco lo que el conflicto es con su lucha
y dolor. ¿No sé esto sin necesidad de conocer un estado en el cual no
haya conflicto? Cuando formulo lo que es bueno, lo hago de acuerdo a
mi condicionamiento, a mi modo de pensar, de sentir, a mi
idiosincrasia y a todo mi trasfondo cultural. ¿Puede lo bueno ser
proyectado por el pensamiento? ¿Me dirá entonces el pensamiento lo que
es bueno y malo en mi vida? ¿O la bondad nada tiene que ver con
pensamiento o fórmula alguna? ¿Dónde florece la bondad -dígame-, en un
concepto, en alguna idea, en un ideal que descansa en el futuro?
Porque un concepto implica un futuro, un mañana. Este puede estar muy
lejos o muy cerca, pero de todos modos está en el tiempo. Y cuando
usted tiene un concepto proyectado por el pensamiento, siendo el
pensamiento la respuesta de la memoria, del conocimiento acumulado que
a su vez depende de la cultura en que uno ha vivido, ¿encuentra usted
esa bondad en el futuro creado por el pensamiento? ¿O la encuentra
cuando comienza a comprender el conflicto y el dolor?
Así, en la comprensión de "lo que es" (no en el comparar "lo que es"
con lo que "debería ser"), en esa comprensión florece la bondad.
Ciertamente, la bondad nada tiene que ver con el pensamiento, ¿no es
así? ¿Acaso el amor tiene algo que ver con el pensamiento? ¿Puede
usted cultivar el amor formulándolo y diciendo: "mi ideal del amor es
eso"? ¿Sabe lo que ocurre cuando uno cultiva el amor? Ocurre que usted
no ama. Piensa que amará en alguna fecha futura; mientras tanto, usted
es violento. ¿Es entonces la bondad un producto del pensamiento? ¿Es
el amor producto de la experiencia, del conocimiento?
¿Cuál era la segunda pregunta, señor?
Interlocutor: La segunda pregunta era acerca del compartir.
KRISHNAMURTI: ¿Qué es lo que usted comparte? ¿Qué estamos compartiendo
ahora? Hemos hablado acerca de la muerte, del amor, de la necesidad de
una revolución total, de un profundo y radical cambio psicológico;
hablamos acerca de no vivir en el viejo molde de las fórmulas, luchas,
sufrimientos, imitación, conformidad y todas esas cosas con las cuales
el hombre ha vivido durante milenios ¡y que produjeron este
maravilloso, revuelto mundo!
Hablamos de la muerte. ¿Cómo compartimos eso usted y yo? ¿Cómo
compartimos la comprensión de eso? No la formulación verbal, no la
descripción o las explicaciones. ¿Qué significa compartir, compartir
la comprensión, compartir la verdad que surge con la comprensión? ¿Y
qué significa comprender? Usted me dice algo que es serio, que es
fundamental, importante, y yo lo escucho con todo mí ser porque ello
es vital para mí. Para escuchar con vitalidad, mi mente debe estar en
silencio, ¿no es así? Si estoy charlando, si me distraigo mirando a
alguien, si comparo lo que usted dice con lo que yo sé, mi mente no
está en silencio. Es sólo cuando mi mente está silenciosa y escucha
por completo cuando surge la comprensión de la verdad. Eso es
compartir; de otro modo no podemos compartir. No podemos compartir las
palabras, sólo podemos compartir la verdad de algo sólo cuando la
mente está por completo entregada a la observación.
Cuando usted ve la belleza de un crepúsculo, las hermosas colinas, las
sombras bajo la luz lunar, ¿Cómo lo comparten con un amigo?
¿Diciéndole: "mira esa maravillosa colina"? Usted puede decirlo, ¿pero
eso es compartir? Cuando verdaderamente comparte algo con otro, ello
significa que ambos deben tener la misma intensidad, al mismo tiempo y
al mismo nivel. De otro modo no pueden compartir, ¿verdad? Ambos deben
tener un interés común, al mismo nivel, con la misma pasión; de lo
contrario, ¿cómo pueden compartir algo? Ustedes pueden compartir un
trozo de pan, pero no es eso que estamos hablando.
Para ver algo juntos, lo cual es compartir, ambos debemos ver; no
concordar o disentir, sino ver juntos lo que realmente es. No
interpretarlo de acuerdo a mi condicionamiento o al suyo. Y para ver
juntos debemos estar libres para observar, libres para escuchar. Esto
significa no tener prejuicios. Sólo entonces, cuando hay esta cualidad
de amor, existe el compartir.
Interlocutor: ¿Cómo puede uno aquietar o liberar la mente de las
irrupciones del pasado?
KRISHNAMURTI: Usted no puede aquietar la mente. ¡Punto final! Esas son
tretas. Usted puede tomar una pildorita y tranquilizar la mente, pero
usted no puede en absoluto tornar a la mente quieta, porque usted es
la mente. Usted no puede decir: "aquietaré mi mente". Por lo tanto,
uno ha de comprender qué es la meditación, comprenderlo realmente, no
repetir lo que otros dicen. Uno ha de descubrir si la mente puede
alguna vez estar en silencio; no cómo hacer que la mente sea
silenciosa. De modo que hemos de investigar toda esta cuestión del
conocimiento, y descubrir si la mente, las células cerebrales que
están tan cargadas con los recuerdos del pasado, pueden hallarse en
absoluto silencio y funcionar sólo cuando ello es necesario; y cuando
no es necesario, estar completa y totalmente silenciosas.
Interlocutor: Señor, cuando usted habla de las relaciones, se refiere
siempre al hombre y a la mujer, o al muchacho y la chica. ¿Diría usted
las mismas cosas aplicadas a relaciones entre hombre y hombre, o mujer
y mujer?
KRISHNAMURTI: ¿Homosexualidad?
Interlocutor: Si usted desea darle ese nombre, señor, sí.
KRISHNAMURTI: Vea, cuando hablamos del amor, sea éste de hombre y
hombre, mujer y mujer, o de hombre y mujer, no estamos hablando de una
clase particular de relación; hablamos de todo el movimiento, del
sentido total de la relación, no de una relación con uno o con dos.
¿No sabe usted lo que significa estar relacionado con el mundo? Es
percibir que usted es el mundo; percibirlo no como una idea (eso sería
espantoso), sino sentir de veras que usted es responsable, que está
comprometido con esta responsabilidad. Ese es el único compromiso. No
el estar comprometido a través de bombas o con una actividad
particular, sino sentir que usted es el mundo y que el mundo es usted.
A menos que uno cambie por completo, radicalmente, y produzca una
total mutación en sí mismo, haga lo que haga en lo externo no habrá
paz para el hombre. Si usted siente eso en su sangre, entonces sus
preguntas estarán enteramente relacionadas con el ahora, con el
producir un cambio en el presente y no con alguna clase de ideales
especulativos.
Interlocutor: La última vez que nos reunimos usted nos dijo que si
alguien tiene una experiencia dolorosa y ella no es enfrentada
totalmente, o es eludida, penetra en el inconsciente como un
fragmento. ¿Cómo podemos librarnos de esos fragmentos de experiencias
dolorosas y atemorizadoras de modo que el pasado no tenga asidero en
nosotros?
KRISHNAMURTI: Sí señor, ése es el condicionamiento. ¿Cómo ha de
liberarse uno de este condicionamiento? ¿Cómo librarme del
condicionamiento cultural en que he nacido? En primer lugar debo darme
cuenta de que estoy condicionado, no porque alguien me diga que lo
estoy. ¿Comprende la diferencia? Si alguien me dice que tengo hambre,
eso es muy distinto de estar realmente hambriento. De modo que debo
darme cuenta de mi condicionamiento, y no sólo superficialmente sino
en los niveles más profundos. Es decir que debo darme cuenta
totalmente, lo cual implica que no estoy tratando de trascender el
condicionamiento o de liberarme de él. Debo verlo como realmente es y
no introducir otro factor más como el desear estar libre del
condicionamiento, porque eso es un escape de la realidad. Debo estar
alerta. ¿Qué significa eso? Estar alerta a mi condicionamiento
totalmente, no de modo parcial, significa que mi mente debe ser
sensible en alto grado, ¿no es así? De lo contrario no puedo estar
alerta. Ser sensible significa observarlo todo muy, muy atentamente:
los colores, la calidad de las personas, todo cuanto me rodea. Debo
estar atento a lo que realmente es, sin opción alguna. ¿Puede usted
hacer eso sin tratar de interpretarlo, de cambiarlo, de trascenderlo,
sin tratar de librarse de ello, sino sólo estar totalmente atento a lo
que es?
Cuando usted observa un árbol, entre usted y el árbol hay tiempo y
espacio, ¿no es así? Y también está el conocimiento botánico que usted
tiene acerca de él, la distancia entre usted y el árbol (la cual es
tiempo) y la separación que surge por su conocimiento del árbol. Mirar
el árbol sin conocimientos, sin la cualidad del tiempo, no significa
que usted se identifique con el árbol sino que, al observarlo tan
atentamente, las limitaciones del tiempo no intervienen en ello para
nada. Las limitaciones del tiempo intervienen sólo cuando usted mira
el árbol con sus conocimientos acerca de él. ¿Puede usted mirar a su
mujer o a su amigo, o lo que sea, sin la imagen? La imagen es el
pasado, y fue acumulada por el pensamiento como regaños,
intimidaciones, afán de dominio, placer, compañía, etc. Es la imagen
la que separa, la que crea distancia y tiempo. ¡Mire ese árbol, o la
flor, la nube, la esposa, el amigo, sin la imagen!
Si puede hacerlo, entonces usted puede observar su condiciona-miento
totalmente, puede mirarlo con una mente que no está contaminada por el
pasado; por lo tanto, ella se ha liberado a sí misma del
condicionamiento. Cuando uno se mira a sí mismo, generalmente lo hace
como un observador que mira lo observado, siendo uno lo observado y el
observador que mira. El observador, que es conocimiento, el pasado, el
tiempo, las experiencias acumuladas, se separa a sí mismo de la cosa
que observa.
Ahora bien; usted puede mirar sin el observador sólo cuando está
completamente atento. ¿Sabe lo que significa estar atento? ¡No es
preciso ir a la escuela para aprender a estar atento! Estar atento
significa escuchar sin ninguna interpretación, sin ningún juicio;
simplemente escuchar. Cuando usted escucha de este modo no hay
limitación alguna, no hay un "usted" que escuche. Sólo hay el estado
de escuchar. Así cuando observa su condicionamiento, el
condicionamiento existe sólo en el observador, no en lo observado.
Cuando mira sin el observador, sin el "yo" (el "yo" con sus miedos,
sus ansiedades, etc.), entonces usted ve, usted penetra en una
dimensión del todo diferente.