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ILUMINACION DE LA PALABRA / 22 DE JUNIO DE 2008

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"A quien se debe tener miedo"

Por Gustavo Beltrán

En este pasaje del evangelio de Mateo podemos ver como Jesús se vale
nuevamente de varios elementos claros y sencillos para continuar el
discurso apostólico con el que envía a sus discípulos a anunciar el
Reino de Dios.

El mensaje central de estos últimos tres domingos ha estado
relacionado con la vocación cristiana y la tarea de anunciar el Reino
de Dios y reconocer a Cristo como el Salvador y Señor de nuestras
vidas.  En este pasaje específicamente Jesús enseña y comunica a sus
discípulos para que ellos posteriormente esparzan el mensaje por toda
la tierra, ese es el sentido de las figuras “hablar en la oscuridad y
en la luz”, “decir en secreto y gritar”.

Sin embargo, Jesús es enfático en animar a los discípulos y les dice
tres veces que no tengan miedo.  Es lo mismo para nosotros hoy en
día.  Muchas veces tenemos miedo de tantas cosas que nos olvidamos de
lo más importante, de buscar la felicidad en quien verdaderamente
puede dárnosla: Dios.

Y ¿A qué le podemos tener miedo hoy día?, a vivir solos, al futuro, a
equivocarnos, a que nos juzguen, a la enfermedad, al sufrimiento, a la
derrota, a la traición, a nuestras propias debilidades, a la muerte.
Pero ya hace ocho y quince días veíamos que Jesús ve al hombre en su
totalidad, el nos conoce y sabe cuales son nuestros problemas, si nos
ponemos en manos de Dios y aceptamos su voluntad veremos como todos
estos conflictos se irán desvaneciendo poco a poco, esas situaciones
difíciles son necesarias para madurar y crecer.  Cuanto más cerca
estemos de Dios más podremos entenderlas como un vehículo para llegar
a Él.

Cuando reinterpretamos todos nuestros problemas a la luz de la fe nos
damos cuenta que cada cosa que nos pasa tiene un propósito y aunque
muchas veces no es lo que queremos o nos gusta, siempre será por
nuestro bien, entonces las dificultades se harán más llevaderas y la
carga de la vida más ligera porque ya no nos preocuparemos por lo que
no debemos.  Lo único que deberíamos temer es a no reconocer a Jesús
en nuestras vidas porque solo Él nos puede dar la verdadera vida y el
verdadero alimento del alma.