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La muerte. SS Dalai Lama

Mateo Contreras <mateocontrera...@gmail.com>

*LA MUERTE POR** EL DALAI LAMA*

El tópico de la conciencia de la muerte se organiza en torno a tres raíces,
nueve razones y tres decisiones.

* *

*Primera raíz*: La contemplación de que la muerte es inevitable debido a que
la muerte llegará ineluctablemente y, por consiguiente, no puede eludirse no
podemos dilatar los años de nuestra vida, que va disminuyendo sin cesar
ncluso cuando estamos vivos, disponemos de poco tiempo para practicar

 *Primera decisión*: La contemplación de que el momento de la muerte es
indefinido porque el tiempo de nuestra vida en este mundo es indefinido las
causas de la muerte son muchísimas y las de la vida son pocas, la fragilidad
del cuerpo hace pensar que el momento de la muerte es incierto

 *Segunda decisión*: La contemplación de que, en el momento de la muerte, no
hay nada que nos ayude excepto la práctica debido a que en el momento de la
muerte nuestros amigos no nos son de ayuda, en el momento de la muerte
nuestras riquezas no sirven de nada

 *Tercera decisión*: Practicaré el desapego hacia todas las cosas
maravillosas de esta vida. Es propio de la naturaleza de nuestra exigencia
cíclica que aquellos que se ha reunido acabe disgregándose: padres, hijos,
hermanos, hermanas y amigos. Por mucho que se aprecien unos amigos, al final
deberán separarse. Gurúes y alumnos, padres e hijos, hermanos y hermanas,
esposos y esposas, amigos…. Sin importar quiénes sean, todos deben separarse
en un momento de algo.

Mientras mi tutor, Ling Rinpoche, gozaba de salud, me resultaba imposible e
insoportable pensar en su muerte. Para mí, siempre fue como una roca sólida
sobre la cual afianzarme. Me preguntaba cómo podría vivir sin él. Pero
cuando padeció una embolia, tras la cual vino una segunda muy grave, aquella
situación permitió que una parte de mi mente pensase: “Ahora sería mejor que
se fuera”. En ocasiones he llegado a pensar que él mismo se provocó aquella
enfermedad, de modo que, cuando llegase el momento de su muerte, yo
estuviera preparado para enfrentarme a la siguiente misión: buscar su
reencarnación.

Aparte de separarnos de todos nuestros amigos, las riquezas y recursos que
se van acumulando con el paso del tiempo por maravillosos que sean, al final
se vuelven inútiles. No importa lo elevado que sea tu rango o tu posición,
porque al final acabarás cayendo. Para recordarme esto, cuando asciendo a la
elevada plataforma desde donde imparto mis clases, y justo cuando me estoy
sentado, recito para mí las palabras del Sutra del Cortador de Diamante que
halan de la transitoriedad: Contempla las cosas compuestas de causas como si
fueran estrellas rutilantes, el fruto de una enfermedad visual, la luz
vacilante de una vela de sebo, ilusiones mágicas rocío, burbujas, sueños,
rayos y nubes. Reflexiono sobre la fragilidad de los fenómenos causados, y
entonces chasqueo los dedos, con un sonido breve que simboliza la
inestabilidad. Así es como recuerdo que pronto tendré que descender de aquel
trono elevado.

Todo ser viviente –sin importar el tiempo que viva—debe morir. No hay otro
camino. Una vez estás inmerso en la existencia cíclica, no puedes vivir
fuera de su naturaleza. Por maravillosas que puedan ser las cosas, en su
naturaleza está escrito que tanto ellas como tú, que te deleitas en ellas,
debéis acabar decayendo. No sólo debes morir al final, sino que no sabes
cuándo llegará ese final. Si lo hicieras, podrías postergar al futuro el
hecho de prepararte para él. Incluso cuando detectas indicios de que
llegarás a una edad avanzada, no puedes decir con una certidumbre plena que
no morirás hoy. No debes vivir en la indecisión. Antes bien, debes hacer
preparativos para que incluso si murieras esta noche, no tuvieras que
lamentarlo. Si desarrollaras un cierto aprecio por la incertidumbre y la
inminencia de la muerte, tu sentido sobre la importancia que tiene usar el
tiempo con sabiduría cada vez será más fuerte. Como dice el erudito-yogui
tibetando Tsongkhapa. Cuando se comprende la dificultad de hallar este
cuerpo humano, no hay modo de permanecer sin hacer nada. Cuando se percibe
un gran significado, pasar el tiempo ociosos es fuente de tristeza.

Cuando contemplamos la muerte, hacemos preparativos para entrar en la
siguiente vida. Cuando contemplamos los actos y sus efectos, se apartan de
nosotros las fuentes de la inconciencia. Cuando de este modo se han afirmado
estas cuatro raíces, crecen fácilmente otras prácticas virtuosas. Pensar en
la muerte no sólo sirve como preparación para enfrentarse a ella y para
fomentar acciones que beneficien a las vidas futuras, sino que también
afecta dramáticamente sus perspectivas mentales. Por ejemplo, cuando las
personas no están acostumbradas a tener en cuenta la certidumbre de la
muerte, entonces, incluso cuando es evidente que son ancianos y que pronto
habrán de partir, sus amigos y familia creen que no pueden ser realistas con
ellos, e incluso sienten la necesidad de felicitarles por su aspecto físico.
Ambas partes saben que esos halagos son falsos. ¡Eso es ridículo. En
ocasiones, los pacientes que padecen enfermedades terminales como el cáncer
evitan usar las palabras morir o muerte. Me resulta prácticamente imposible
hablar con ellos sobre su muerte inminente; se resisten a oír hablar del
tema. Pero a alguien que ni siquiera ahora puede soportar la palabra muerte,
por no mencionar ya su realidad, es probable que la llegada factual de la
muerte traiga consigo una gran angustia y temor. Por otra parte, cuando me
encuentro con un practicante budista que está cerca de la muerte, no dudo en
decirle: “Tanto si mueres como si te recuperas, necesitas prepararte. Es
posible que reflexionemos juntos sobre la inminencia de la muerte. No hay
necesidad de ocultar nada, porque esa persona está dispuesta a enfrentarse a
la muerte sin temor. Un practicante que empieza pronto a pensar sobre la
transitoriedad, cuando se enfrenta a la muerte es mucho más valiente y
feliz. Reflexionar sobre la incertidumbre del movimiento de la muerte
desarrolla una mente tranquila, disciplinada y virtuosa, porque profundiza
en algo más que en la materia superficial de esta breve vida.

  vida después de la desencarnación.jpg
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